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“Mientras escribía las contratapas simplemente me divertía” nos dice Hugo Basso. Y tal vez fue por ese “jugar” con la escritura, tan singular del autor, que las Contratapas del semanario La Tribuna eran tan esperadas por los lectores.

Estos relatos híbridos entre el costumbrismo y la fantasía se constituyeron en un género en sí mismo. Difíciles de definir, clasificar o categorizar, se convirtieron simplemente en “las contratapas de Hugo”. Esperadas semana a semana para sumar un poco de ficción a la rutina, y un poco de realidad al inverosímil cotidiano.

Se dice que la contraportada de un periódico es un espacio límite, un umbral, el pasaje entre el texto y el mundo, entre la lectura y la vida cotidiana. Estos umbrales, con el tiempo, dejaron de ser en La Tribuna la puerta de salida del diario para convertirse en la puerta de entrada, ya que los lectores empezaban la lectura por la página final, entrando en este juego divertido que semana a semana proponía el autor.

Aquí se reúnen algunas de esas contratapas por dos motivos: para divertimento de los nuevos lectores (o viejos lectores que quieran releerlas) y para divertimento de su autor, quien sigue jugando con los textos mientras selecciona, elige, pule y clasifica.

CONTRA TAPAS - Hugo Basso

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“Mientras escribía las contratapas simplemente me divertía” nos dice Hugo Basso. Y tal vez fue por ese “jugar” con la escritura, tan singular del autor, que las Contratapas del semanario La Tribuna eran tan esperadas por los lectores.

Estos relatos híbridos entre el costumbrismo y la fantasía se constituyeron en un género en sí mismo. Difíciles de definir, clasificar o categorizar, se convirtieron simplemente en “las contratapas de Hugo”. Esperadas semana a semana para sumar un poco de ficción a la rutina, y un poco de realidad al inverosímil cotidiano.

Se dice que la contraportada de un periódico es un espacio límite, un umbral, el pasaje entre el texto y el mundo, entre la lectura y la vida cotidiana. Estos umbrales, con el tiempo, dejaron de ser en La Tribuna la puerta de salida del diario para convertirse en la puerta de entrada, ya que los lectores empezaban la lectura por la página final, entrando en este juego divertido que semana a semana proponía el autor.

Aquí se reúnen algunas de esas contratapas por dos motivos: para divertimento de los nuevos lectores (o viejos lectores que quieran releerlas) y para divertimento de su autor, quien sigue jugando con los textos mientras selecciona, elige, pule y clasifica.

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